47. Lo que arde cuando se nombra.
La luz de la mañana entra por los ventanales con una claridad que marca un inicio distinto, porque al abrir los ojos junto a Adrián siento que algo se acomodó durante la noche, algo que no se define solo por lo que pasó entre nosotros, sino por la forma en que su presencia permanece incluso cuando el silencio ocupa el espacio, con una cercanía que se siente estable, firme, lejos de cualquier impulso pasajero.
Permanezco unos segundos observándolo, su rostro relajado, el cuerpo extendido con una