23. Una risa fuera de lugar.
La tarde avanza con una calma engañosa, de esas que parecen ordenadas en la superficie pero esconden algo a punto de romperse, mientras me obligo a sostener el ritmo del trabajo con una concentración casi rígida, revisando archivo tras archivo como si en ese proceso pudiera recuperar una sensación de control que claramente ya no tengo del todo, porque aunque los datos empiezan a encajar y la evidencia contra Charlotte se vuelve cada vez más clara, hay algo más que no deja de moverse por debajo,