22. Donde el control empieza a quebrarse.
El beso no dura lo suficiente como para que pierda toda noción del lugar en el que estoy, pero sí lo necesario para que algo cambie de forma irreversible, como si en ese contacto breve se hubiera cruzado una línea que ya no se puede desdibujar, y cuando Adrián se aparta no lo hace con brusquedad, sino con esa misma precisión que lo define en todo, como si incluso en algo tan impulsivo necesitara mantener cierto dominio.
No dice nada de inmediato, eso es lo primero que me descoloca.
Su mirada se