172. La promesa que nadie podía imponer.
Las últimas palabras de Víctor Beaumont permanecieron suspendidas en el salón.
—...dentro de tres días vas a casarte con mi nieto.
Nadie respondió de inmediato.
El tiempo pareció detenerse únicamente para permitir que cada uno comprendiera el verdadero alcance de aquella frase.
Sentí la mano de Adrián cerrarse alrededor de la mía.
La presión de sus dedos transmitía la misma incredulidad que veía reflejada en su rostro.
Víctor seguía sonriendo con una calma irritante, apoyado sobre su bastón de