182. La casa donde aún respiraban los recuerdos.
Salimos del museo con el mapa cuidadosamente doblado dentro del cuaderno que Adrián me había regalado aquella misma mañana.
El pueblo seguía igual de tranquilo.
Los niños corrían alrededor de la plaza, una pareja de ancianos compartía un banco bajo la sombra de un jacarandá y, desde la panadería de la esquina, llegaba el aroma cálido del pan recién salido del horno.
Resultaba extraño comprobar que la vida continuaba con absoluta normalidad mientras nosotros sentíamos que acabábamos de abrir una