184. Mirá el suelo.
Adrián avanzó un paso, pero apoyé una mano sobre su antebrazo antes de que cruzara la reja.
Él me miró de inmediato.
—¿Qué pasa?
Dirigí la vista hacia el sendero de piedra.
—Mirá el suelo.
Frunció ligeramente el ceño y siguió la dirección de mi mirada.
Entre las hojas secas se distinguían varias marcas.
No eran profundas, aunque sí lo bastante claras para advertir que alguien había pasado por allí hacía poco tiempo.
Algunas hojas permanecían aplastadas.
Otras todavía conservaban el verde intens