157. Bajo los cimientos del pasado.
La última frase quedó suspendida entre nosotros mucho después de que terminara de leerla.
Nadie intentó interpretar su significado.
Nadie formuló teorías.
Aquellas palabras poseían el peso suficiente para llenar el enorme salón con una inquietud silenciosa.
Bajé lentamente la carta.
Sentía el pulso acelerado.
La pequeña llave de plata descansaba sobre la mesa, reflejando la luz que entraba por el ventanal. Parecía un objeto insignificante y, al mismo tiempo, la puerta hacia una verdad capaz de