150. La traición más cercana.
Ninguno de los tres extendió la mano hacia el sobre.
Permaneció inmóvil sobre la cama, con el sello de cera intacto, mientras el silencio ocupaba cada rincón de la habitación. La lluvia seguía golpeando el ventanal con una cadencia tranquila que contrastaba con el torbellino de pensamientos que acababa de instalarse dentro de mi cabeza.
Miré al anciano.
Había pronunciado aquellas palabras con una serenidad inquietante, como si llevara demasiado tiempo esperando el momento de entregarnos aquella