128. El nombre que nunca desapareció.
La pregunta siguió acompañándome incluso cuando la conversación llegó a su fin, instalándose en mi cabeza con una insistencia que no conseguía apartar mientras permanecía sentada junto a Adrián, sintiendo el calor que desprendía su cuerpo y la firmeza con la que sostenía mi mano, como si ese contacto silencioso bastara para mantenernos unidos frente a un pasado que acababa de abrir una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.
La noche continuaba avanzando con una calma casi engañosa y el re