111. Quedate.
El auto se detiene frente al edificio y durante unos segundos ninguno de los dos se mueve, como si ese instante suspendido tuviera un valor propio, un pequeño espacio donde todo lo que pasó en el día encuentra un lugar para asentarse antes de volver a la rutina que exige respuestas constantes.
Miro hacia adelante, con las manos apoyadas sobre mis piernas, sintiendo todavía el pulso activo bajo la piel, ese ritmo que no baja del todo porque sé que esto recién empieza, que cada paso que di hoy ab