110. Quiero que te cuides.
La mañana llega con una claridad distinta, más directa, como si el día no diera espacio para dudas ni pausas largas, y al abrir los ojos siento el cuerpo todavía atravesado por la cercanía de la noche anterior, por la forma en que cada gesto entre nosotros se quedó grabado con una intensidad que no se disuelve con el descanso.
Permanezco unos segundos acostada, mirando el techo mientras ordeno las ideas, y el primer pensamiento vuelve a lo mismo: hoy empiezo en serio, hoy dejo de moverme en la