Mundo ficciónIniciar sesiónLa taza de café tibio entre las manos de Emma no era suficiente para distraerla de la forma en que Damián la miraba desde el otro extremo del sofá. Estaba cómodo, con un brazo sobre el respaldo, las piernas cruzadas y el torso aún desnudo, como si el mundo fuera su sala de estar… y tal vez lo era.
Emma, por otro lado, llevaba puesta su ropa interior debajo de la camisa que le robó, y aunque la prenda le cubría apenas lo necesario,







