Perspectiva de Cloe
El frío era lo primero que sentía. Un frío metálico, como el de los pasillos de la mansión Russo en Milán. Mis pies descalzos golpeaban el mármol, pero no importaba cuánto corriera, el sonido de unos pasos pesados y rítmicos me seguía de cerca. No necesitaba girarme para saber quién era. El aroma a tabaco caro y a ese perfume gélido lo inundaba todo.
—¿A dónde vas, Cloe? —la voz de Michelle resonaba en las paredes, distorsionada, como si viniera de todas partes a la vez—. ¿C