Capítulo 24.
Una semana después de la consulta médica, la atmósfera en la habitación de los O’Connell estaba cargada de secretos y amor no declarado. Eleanor se paseaba por la habitación, vestida con un vestido de casa que ya no disimulaba la redondez de su vientre. Se miró en el espejo, la línea de su cintura perdida.
—Soy... soy un barril —murmuró Eleanor, pasando la mano con tristeza sobre su figura cambiante—. Ya no parezco una dama, Liam. Solo parezco... una ballena fértil.
La depresión la había invad