Capítulo 38.

La mañana después de la tensa cena, la mansión Harrington se encontró con un problema logístico y estratégico; los invitados no se iban.

—Querida tía Lucille, si no es molestia, Caleb y yo tenemos muchos asuntos pendientes en Wall Street. Hemos decidido quedarnos unas semanas más, pero no antes, sin tu consentimiento y aprobación —anunció el primo Julián en medio del desayuno.

Lucille, encantada de mantener la ilusión de la vida social perfecta, sonrió forzadamente. —¡Por supuesto! ¡Es un place
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