—Vale, esto es muy friki —le dije a mi padre mirando su despacho. Habían instalado un par de mesas y varias máquinas de las que esperarías encontrar en un laboratorio, como quien instala una televisión o un microondas—. Dime que no las has sacado del laboratorio.
—No sería lo más inteligente para pasar inadvertidos —bromeó con una sonrisa traviesa. Que no me dijera que no sería legal eso de ir robando a la mano que te da de comer, me hizo sospechar que se lo había planteado en algún momento. Lo