—Daniel murió hace dos semanas —empecé a leer—. Podía haberse salvado, pero renunció a hacerlo por el miedo de volverse contra nosotras en el momento en que más podríamos necesitarlo. Lo capturaron hace poco más de dos meses y tras tres semanas de experimentación, consiguieron infectar su ADN y lo liberaron en unas condiciones pésimas, pero vivo. Fue un error por su parte no haberle matado cuando estaba bajo su control. Daniel no da segundas oportunidades. Se recuperó lo suficiente como para en