Supongo que si Jan realmente estuviera en peligro, un peligro vital, quiero decir, alguno de sus lobos acabaría metiéndose en aquello. Había cambiado mucho mi vida desde aquella primera vez en que las dos moles de hermoso pelaje quedaron sudorosas y ensangrentadas. Había aprendido mucho sobre ellos. Y sobre sus costumbres, sus tradiciones. Sus leyes. Aunque nadie lo diría mientras la adrenalina corría entre ellos y la sangre empezaba a salpicar el suelo, Jan y su padre se querían.
Pero aquello