Mundo de ficçãoIniciar sessãoMi sangre estaba exaltada. Mi instinto de lobo me instaba a gruñir, a marcar mi territorio. Y mis colmillos asomaban por el estado de alarma en el que estaba. Jamás me había sentido tan nerviosa. Miedo y ansiedad en estado puro. Pero no de las que te paralizan, sino de las que te instan a reaccionar. A hacer algo. Adrenalina latiendo por todo mi cuerpo. Valentín me miró, sonriendo al ver mis colmillos asomar. Su mente simplemente me acarició, como si ese descubrimiento le hiciera feliz.
—Solo hay un edificio con luz en su interior —dijo finalmente, ignorando la mirada de Roman, parcialmente alucinado con mis colmillos y con la tranquilidad que su amigo mostraba ante aquello—. Vamos a subir al tejado, igual podemos ver algo por las claraboyas.
Valentín me cogió de la mano y estiró de mí mientras Roman nos seguía en absoluto silencio, preso de sus propios pensamientos.
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