Mundo de ficçãoIniciar sessãoSeguí caminando hasta llegar a unas puertas de metal cerradas. Había una consola eléctrica al lado de ellas. Valentín se acercó a ella y empezó a presionarla con fuerza. No era una puerta cualquiera, si tenía la capacidad de resistir la fuerza de un vampiro, uno especialmente cabreado. Valentín tardó unos minutos, pero finalmente consiguió abrir una separación de un par de palmos, lo suficiente para colarse dentro del recinto. Esperé detrás de la puerta, hasta que los ruidos de los disparos cesaron. Valentín volvió a por mí. Tenía sangre en su elegante camisa azul, pero no podría decir si era suya. No le pregunté.
—Las hemos encontrado —me dijo—. Están inconscientes.
Entré por la puerta entreabierta y crucé un distribuidor en el que había multitud de cuerpos en el suelo a los que intenté







