La sangre me golpeó en los oídos con tal fuerza que apenas escuché el murmullo de la calle devastada.
Allí estaba Albeiro, con sus ojos cálidos y su sonrisa a pesar de todo, mirándome como si el tiempo no hubiera pasado.
«Él piensa lo peor», me dije, sintiendo cómo el agarre de Connor en mi mano se volvía casi doloroso.
—Catrina, ¿estás bien? —preguntó Albeiro, su mirada viajando entre mi rostro pálido y la figura imponente y claramente hostil a mi lado. Sus ojos se detuvieron en la mano de C