La sangre me golpeó en los oídos con tal fuerza que apenas escuché el murmullo de la calle devastada.
Allí estaba Albeiro, con sus ojos cálidos y su sonrisa a pesar de todo, mirándome como si el tiempo no hubiera pasado.
«Él piensa lo peor», me dije, sintiendo cómo el agarre de Connor en mi mano se volvía casi doloroso.
—Catrina, ¿estás bien? —preguntó Albeiro, su mirada viajando entre mi rostro pálido y la figura imponente y claramente hostil a mi lado. Sus ojos se detuvieron en la mano de Connor sobre la mía. Pude notar su confusión y… ¿Desaprobación? Su gesto y la forma en que apretaba la mandíbula me indicaba que no era nada bueno.
—Sí, sí, Albeiro. Estamos… estamos bien —Carraspeé, con una voz que sonó débil incluso para mis propios oídos. Intenté sonreír, pero se sintió como un espasmo en mis labios—. Nos quedamos incomunicados después del terremoto. Sin transporte, sin señal… —Me encogí de hombros, evitando entrar en los pormenores de los pasadizos secretos, las heridas de v