••Narra Connor••
Era sorprendente como esta casa, en un vecindario pobre y con grietas en las paredes pudo resistir un terremoto mientras edificios de millones de dólares construidas por los mejores arquitectos, se derrumbaron.
En el sencillo comedor de madera, solo se escuchaban los cubiertos contra los platos de porcelana. Él muy idiota se quiso lucir, preparando un quiso sencillo pero abundante y dando una pequeña charla sobre el agradecimiento.
¿Quién se creía, el Papa?
Apenas probé bocado, sentía que era una derrota para mí demostrar mi hambre y que fuera él quien me saciara. Orgullo de hombre, no lo entenderían.
A mí lado, Catrina comía con confianza, inclusive repitiendo ración. En ella no me molestaba, porque a pesar de que no sea de mi agrado que ingiera alimentos preparados por otro hombre, ella y el bebé necesitaban mantenerse fuerte. Y yo era capaz de mantener mis celos a raya solo por eso.
—Nunca pensé que te casarías tan… calladamente, Catrina —dijo Albeiro por fin,