Debí horrorizarme, gritar, escapar, pero mis ojos no se apartaban de aquel hombre, de su mano moviéndose a lo largo de su falo grueso, marcado por venas.
No sabía si era por el tiempo, por la necesidad o por lo mucho que llevaba sin compartir mi calor con otra persona, pero… se veía más grande. Y eso que el Connor de hace diez años ya estaba muy bien dotado.
En realidad, físicamente cambió mucho. Su cuerpo, que siempre ha sido atractivo, tomó un matiz más maduro, más fuerte y marcado.
Los