Okey, estaba a punto de enfrentarme al demonio, al tirano, a la bestia encarnada en hombre.
Al salir del baño, misteriosamente, me habían dejado un camisón en el centro del vestier. Muy expuesto, sexy y con solo verlo sabía que pasaría frío.
—Ese pervertido —refunfuñé, dejando el pequeño pedazo de seda roja en el mismo lugar donde lo encontré—. ¡Estaba loco si creía que me iba a poner esa cosa!
Revisé mis pocas pertenencias, colocándome la pijama más ancha y fea que poseía.
—Perfecto —Me dije a mí misma, viéndome al espejo—. Poco atractiva y deseosa.
Con pasos decididos entré a la habitación, encontrándome con Connor, la espalda en mi dirección. No llevaba más que unos pantalones de algodón para dormir. Observé su espalda fuerte, marcada y completamente descubierta.
—¿Vas a quedarte ahí parada toda la noche, Catrina? —dijo sin verme.
Me sobresalté, impresionándome ante sus sentidos afilados.
¿Cómo me había descubierto? Ni siquiera me estaba viendo.
—No estoy segura de donde s