Un pitido, dos pitidos, tres pitidos… ¿Eran los latidos del corazón de mi bebé?
El sonido tecnológico se escuchaba cada vez más alto. El aire a mi alrededor era fresco, mis extremidades relajadas. Ya no sentía ese fuego en mi pecho que se expandía al resto de mi cuerpo, buscando consumirme. No más calor, no más sudor, no más dolor.
Los párpados me pesaban, pero me obligué a mí misma a abrirlos. Lo primero que vi fue una ventana a lo lejos, con un hermoso árbol otoñal cuyas hojas empezaban a ca