••Narra Catrina••
—Hola, pequeña. Hola, mi amor —hablé en voz baja, como si pudiera asustarla.
Sus pequeños piecitos se movían enérgicamente, mucho más que ayer. He podido observar su progreso desde que la trajeron.
Si tan solo pudiera escuchar su voz, si tan solo pudiera cargarla, pero necesitaba estar en ese respirador hasta que el doctor lo creyera conveniente, hasta que sus pulmones maduren completamente.
Los pechos me dolían demasiado. Una presión que iba desde mi glándula mamaria hasta