La declaración de Robert había resonado en la pequeña habitación del hospital como una campana desafinada, rompiendo la frágil paz que Jade había intentado mantener.
La mirada de sorpresa y dolor en los ojos de su padre, la resignación final en su bendición, todo se clavó en el corazón de Jade y en el nuevo de Morgan. No podía permitir que Robert siguiera allí, envenenando el ambiente con su triunfalismo. Necesitaba enfrentarlo, lejos de los oídos y la vista de Morgan.
—Robert, ¿podemos hablar