El silencio en la habitación del hospital se hizo denso, casi palpable, roto solo por los pitidos rítmicos del monitor cardíaco de Morgan. La sonrisa radiante de Robert, su declaración audaz, había congelado el aire. Jade sintió un escalofrío recorrer su espalda. Era el momento que había temido, la revelación del trato, el precio de la vida de su padre, pero no era el momento idóneo. Su padre apenas había salido un par de días atrás de cirugía. No tenía el corazón preparado para tal noticia.
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