La lluvia había cesado, dejando el aire limpio y la vegetación con un aroma terroso y fresco. La tenue luz de un farol cercano iluminaba la figura empapada de Jade, su rostro pálido, pero sus ojos brillando con una determinación feroz.
Nick, de pie bajo la sombra de un árbol, su cuerpo rígido por la tensión de la espera, la vio. Por un momento, creyó que era una alucinación, un producto de su desesperación.
—Hola, Nick.
La voz de Jade era un susurro ahogado, pero para él, sonó como la música má