El amanecer se asomaba tímidamente sobre sus cuerpos, tiñendo el cielo de naranjas y rosas. Jade y Nick yacían en la hierba húmeda del parque, sus cuerpos entrelazados, sus respiraciones calmadas. El frío de la noche había sido desterrado por el calor de su abrazo, y el temor de la fuga, temporalmente, por la euforia de su reencuentro. Las cicatrices de la opresión de Hywell seguían ahí, pero por primera vez en años, Jade se sentía completa, libre.
Jade, acurrucada contra Nick, trazaba círculos