El aire del baño seguía vibrando con la confesión y el deseo mientras Jade y Robert terminaban de vestirse. En cada movimiento una caricia robada, cada abroche un suspiro compartido. Sus rostros, aunque compuestos, reflejaban una mezcla de euforia; una satisfacción velada y una tensión inminente que se negaba a desaparecer por completo. El sabor del pecado aún persistía en sus labios, como una promesa que ambos anhelaban y que se sentía peligrosa en su audacia.
—Lista, mi Jade? —susurró él, aj