La atmósfera en la mansión Hywell no mejoró en los días siguientes, y se sintió aun más cargada de malos presentimientos.
Después de la confrontación en la sala de música, Hywell había impuesto una nueva capa de control, más sutil, pero igualmente asfixiante para la pequeña Jade. Sus miradas se habían vuelto más largas, sus comentarios más enigmáticos, y la cercanía que mostraba, desprovista de afecto real, era una forma de tortura psicológica. Jade se sentía una marioneta, sus hilos tensados c