Nick había sentido el cambio en la mansión casi de inmediato, como un cambio en la presión del aire antes de una tormenta.
Después de la cena de los Hywell, algo se había tensado, una quietud antinatural se había apoderado de los vastos pasillos y habitaciones. No era el silencio normal de la noche, sino uno cargado, denso, como si los propios muros contuvieran la respiración. Los otros empleados también lo notaron; sus murmullos eran más bajos, sus pasos más cautelosos. El humor de Hywell, sie