El regreso a la mansión después del desayuno en el yate se sintió menos como un hogar y más como un aterrizaje forzoso.
La ostentosa suite del hotel había sido un recordatorio efímero de su nueva realidad, pero la mansión era la prisión en la que viviría su sentencia. Jade, con el vestido de lino aún puesto, siguió a Hywell en silencio por los pasillos opulentos, cada paso resonando con la resignación que ahora sentía.
Cuando llegaron al estudio de Hywell, él se detuvo, su postura dominante. La