El asombro de Jade se solidificó en un horror gélido al ver el rostro de Nick. Sus ojos, antes llenos de la desesperación por su secuestro, ahora se abrieron con una incredulidad aún mayor. El aire en la lúgubre fábrica se volvió pesado con la imposibilidad de la escena. No parecía algo real, parecía un espíritu vengativo.
Nick estaba vivo.
El hombre al que creyó haber matado, el fantasma de su pasado más traumático, estaba de pie frente a ella, respirando.
—Nick… ¿cómo…? —Jade jadeó, su voz ap