Después de los ajetreados preparativos de la boda número once, ambos anhelaban el uno al otro con una intensidad palpable. La suite estaba sumida en una penumbra acogedora, las velas danzaban con una luz suave que proyectaba sombras danzarinas por las paredes. La música baja y melódica flotaba en el aire, envolviéndolos en su propia burbuja de deseo y conexión.
La expectativa era un hilo invisible que los unía, una promesa tácita de la profunda entrega que estaban a punto de compartir. Sus mira