La pregunta de Hywell resonó en el silencio íntimo de la suite en Tokio; una propuesta que eclipsaba el vasto horizonte de la ciudad que se extendía más allá de los ventanales panorámicos.
Jade lo miró, sus ojos reflejaban una mezcla de asombro, una vulnerabilidad tierna y una felicidad abrumadora que apenas podía contener en su pecho. Se sentía ingrávida, como si las palabras de Hywell la hubieran elevado por encima de la cama de seda, por encima de los rascacielos relucientes y las complejida