El amanecer llegó, gris y melancólico, tiñendo el horizonte con tonos de acero. Jade no había dormido. Cada fibra de su ser resonaba con el eco de la visita de Nick, sus palabras, sus toques, la promesa implacable que ahora se sentía como una marca. La humedad incómoda de su ropa interior era un recuerdo constante de su propia traición, una vergüenza que quemaba.
Se levantó de la cama, el cuerpo pesado, el alma más aún.
Una doncella entró en la habitación poco después, con un vestido de novia s