Alessandro
—No eres bienvenida aquí. —Levanté la mano y la detuve al ver la intención en sus ojos antes de que se inclinara a centímetros de mi rostro.
Algo se movió en su expresión, un parpadeo rápido que podría haber sido dolor si no la conociera mejor. Sus manos encontraron la tela de su vestido, y lo alisó, antes de alzar el mentón con esa arrogancia que le resultaba imposible de disimular.
—Carla, lleva a Andrea con los cachorros, por favor —dije sin apartar la mirada de Deborah.
Al meno