96. Atraída al vacío
Zoe
Manejé hasta casa en piloto automático y cada escalón del edificio requería un esfuerzo enorme de mi parte para avanzar. Cuando abrí la puerta del apartamento, el olor familiar a café recalentado y medicinas me golpeó y fingí una sonrisa, aunque ni siquiera recordaba haberme visto al espejo antes de bajar del auto.
Mamá estaba en la sala, pero no en su posición habitual junto a la ventana sino frente a la televisión encendida en el canal de noticias. En la pantalla, un periodista hablaba