62. Inconfesable
Alessandro
Estaba por volver al comedor cuando mi padre apareció en la entrada de la cocina con las llaves del auto en la mano, parecía hastiado del drama familiar.
—Nos vamos —anunció—. Es tarde y mañana hay que trabajar. Espero que tengas un espacio antes de volver a tu empresa para que conversemos.
Mi madre me dio una palmada en la mejilla. Algo en sus ojos me puso en alerta.
—Sí, es hora —murmuró, pero no se movió.
Mi padre besó a Bianca en la frente y antes de salir, mi hermana me lanzó