59. Diosa
Roxana
El espacio era pequeño, pero tenía una ducha amplia, con azulejos blancos que brillaron con la luz automática. Cerró la puerta detrás de nosotros y esta vez fue él quien me presionó contra la puerta.
—Esta vez será diferente —murmuró contra mi cuello, explorando mi cuerpo con una familiaridad que tensó mis pezones de inmediato y despertó recuerdos de tiempos mejores—. Te juro que...
Le tapé la boca con la mano y mi pulso se aceleró cuando sus labios y luego su lengua rozaron mi palma.
—N