49. Mi territorio
Valentino
El trayecto a casa transcurrió en un silencio que interpreté como demasiado pacífico para mi gusto. Aunque Roxana no estaba tensa ni evasiva como en el estacionamiento, parecía sumida en sus pensamientos mientras acariciaba la cabeza de Andrea en su regazo.
Así que la dejé en paz, y me puse a pensar cómo abordar mis intenciones ante ella.
Mientras la observaba, recordé cuando mi padre me la señaló en una disertación en la universidad. «Esa chica llegará lejos y si eres astuto, su éxit