50. Sin refugio
Alessandro
El apartamento de la asistente de Dana olía a comida casera y tuve que quitar algunos libros del sofá que me indicó para tomar asiento.
—Gracias por recibirme tan tarde —dije, avergonzado al verla en bata y con restos de mascarilla en su rostro mal lavado—. Sé que no fue fácil coordinar esto un sábado por la noche.
—La doctora Giordano me explicó la situación antes de irse —respondió. El sobre manila descansaba en la mesa como si fuera lo más normal del mundo—. Así que no se preocup