36. Todo secreto tiene un precio
Roxana
El deportivo de Valentino ya estaba en el estacionamiento del San Vittore cuando Luigi nos dejó en la entrada. Cumplió con su palabra a pesar de no haber dormido en casa el fin de semana.
—Esperemos aquí, señora —murmuró Luigi.
Andrea saltó del auto antes de que pudiera detenerlo y corrió hacia su padre que salía del edificio con el teléfono pegado al oído. Así que tuve que seguirlo.
—¡Papá! ¿Viniste?
Valentino cortó la llamada y forzó una sonrisa. Cuando nos acercamos, me besó la mejill