30. Punto de no retorno
Roxana
La luz fría del amanecer se filtraba por las cortinas del dormitorio, proyectando sombras largas sobre la cama vacía que había abandonado hacía horas.
Seguía con los ojos hinchados, agotada de tanto pensar, pero con la determinación emergiendo entre los escombros de mi orgullo.
El sonido de golpes suaves en la puerta me sacó de mis pensamientos.
—¿Señora Di Marco? —La voz de Lía sonó cautelosa.
—Adelante.
—El señor Valentino salió muy temprano —informó al entrar y dejar la bandeja con ca