29. Corazón culpable
Roxana
El motor del auto ronroneaba en la entrada de mi casa y yo permanecía aferrada al volante. La tormenta que había empezado hacía rato golpeaba el parabrisas y yo seguía aquí, paralizada. Sin saber cómo devolver el tiempo y escuchar el consejo de mi amiga.
«Aléjate de él» había dicho, pero como la idiota que soy fui y lo besé como una adolescente sin control.
El sabor de sus labios aún persistía en los míos, mezclado con la sal de mis lágrimas. Había cruzado una línea que me había jurado n