28. Malentendido
Alessandro
La Dolce Vita estaba cerrado al público por ser lunes, pero al abrir la puerta, nos recibió con un abrazo de aromas: ajo dorándose, albahaca fresca, pan recién horneado. Pero fue el cambio en Roxana lo que me robó el aliento.
En cuanto cruzamos el umbral, sus hombros se relajaron. La máscara de control que llevaba como armadura se derritió, revelando una calidez que no había visto antes. Aquí no era la nuera de los Di Marco ni la CFO implacable. Era simplemente Rox.
—¡Al fin! —Lucía