26. Mi refugio
Roxana
El Café El Rincón no había cambiado en los años desde que dejé de trabajar aquí. La familiar campanilla oxidada sobre la puerta me daba la bienvenida cada vez que necesitaba lidiar con mis pensamientos.
Reconocí los sofás desgastados que Lucía rescató de una venta de garaje con mi ayuda, solo porque le mencioné que me recordaban a la sala de mi abuela en Málaga.
Las conocidas estanterías abarrotadas de libros usados se alzaban contra las paredes. Permanecía incluso el aroma a café recién