22. Caos total
Roxana
El apartamento de Lucía era un espacio pequeño pero cálido, con las paredes pintadas de amarillo suave y fotografías familiares cubriendo cada superficie disponible.
Los sonidos apagados del restaurante se filtraban desde abajo, recordándome que la vida seguía su curso sin importar que la mía se desmoronaba.
Apenas cerró la puerta tras ella, vino a mí para abrazarme.
—Ya, ya... —murmuró Lucía, guiándome hacia su mesa de comedor—. Voy a preparar té para que nos ayude con los nervios.
Lucí